lunes, 22 de agosto de 2011

Al Cesar lo que es del Cesar / ¿El mercado es Dios?


Me pasa que en oportunidades pareciera ya saberlo todo, al menos todo sobre la especialidad que me faculta. No tardo en revisar mis definiciones de “saberlo todo” cuando el entorno me dice que el aprendizaje trasciende las razones.

Dictó charlas técnicas desde hace algunos años (nunca los suficientes) y trato de hacerlo con el compromiso de dar a conocer mi opinión actualizada, integrada e interactuada con lo que refiere la técnica y sobre todo con lo que la experiencia me hace saber.

Estoy claro, nunca me atrevería pedirle nada al mercado por ese acompañamiento que se supone le he dado. Y nunca, pues el mercado jamás me obligaría a renunciarlo, es de suponer el mercado tampoco me obligó a sostener una actividad a la que yo podría llamar acompañar o apoyar, sin haber recibido pago alguno por eso. Y bueno, si tengo tan preciso lo ocurrido debo recordarme todo cuanto acompañe, pague y me pagaron, agradecí, aprendí o me negué a aprender, cuanto falte, cuanto en momentos mayores no hice justo eso “acompañar”, cuanto más se me reconoció y cuanto en su momento oportuno dije, opine o calle.

Al menos pienso no existe una posibilidad de salir y desear respuesta de lo que ocurrió y desde fuera con todo el pensamiento de ya no estar, sin duda mirarme y decir…vaya que el mercado pago, confió, creyó, me dio poderes, me consagró, me hizo incluso saber que ya lo sabía todo…y al final nunca dejo de aprender sobre mi.


En mi caso, el mercado me ha pagado con las fechas exactas y los nombres correctos que son los que no olvido y agradezco, el mercado que es todo, me ha dicho cosas, murmurado otras, afanado, procurado y aplaudido, me ha homenajeado e incluso me ha tolerado. Jamás le preguntaría al mercado, como haciéndome el idiota si me debe algo sin antes reconocer cuanto le falle.

Este año es complicado, lo pensé. Perdí una hermana y mi empresa una asistente imposible de volver a encontrar (escribo de la misma persona, es decir  mi hermana), al menos no con la velocidad de reinventar mi orden genealógico. Me pregunto: ¿Cuánto se obvia de la cronología en conjunto? Cuando se quiere contar parte de la historia, desde sólo nuestra conveniencia, pensar que ahora que mi hermana (ojo, no en mi trabajadora) dejó de acompañarme (ella si lo califica) sé que por su compañía nunca podría pagarle centavo alguno y ella jamás en Dios pedirme nada…pero se trata de mi hermana.

Con el final, quedó la idea de que el justo mercado no me hablaría de cronología entendible, pero al menos en el año 2011 explicaciones mayores e inoportunas, son sin duda algo que siempre estará allí, me resisto a contestar cuando un Dios aún me tiene respuestas para mi… por sus pagos oportunos, por sus descuentos merecidos, por su generosa misericordia de dejarme vivo, por ser soporte de lo insoportable, por usar los argumentos buenos y algunos malos para seguir o hacer que me sigan, por no culparme, por cuantas veces cuantas, dije hoy termino, por cuantas veces se me pagó por confiar, por cuanto y por cuanto…Te pido Dios que no me acompañe nadie al que no pueda pagar.

Que me acompañen todos, cuando por razones impagables estén allí…que no reciba dinero alguno y que pueda estar allí fuera del trabajo – lógicamente – porque por eso sin duda si se me pagó. Lo que yo sienta como compañía buena, total, oportuna y por la que no recibí dinero alguno que no pida más y que lo entienda sólo. En Dios y por Dios…sólo.

Fin de semana e inicio de otra…no se preocupe sin duda término mañana…claro que le creó, mañana le pago por lo que me dice. Y claro que lo hice.

Algún día, al terminar mi historia voltearé al mercado y le diré: ¿Cuanto me debes por acompañarte? Y él no dudo me dirá; anda si sé que la pasaste bien, tan bien que hasta esperaba que cometieras la ligereza de preguntarme eso; sabiéndote yo tanto. Por trabajar, gracias. Por al menos saberte que lo hiciste bien (nunca lo suficiente).

No hay comentarios:

Publicar un comentario