Cuantas veces no hemos esperado cosas que son más
sencillas imaginarlas, soñarlas o incluso actuarlas. Trato de aprender que es
mejor estar tranquilo y confiado, al final cuanto ocurra “algo” siempre será para
bien. No hay peor temor que el de la inacción, eso que nos deja mutilados e
incluso jugando a asumir algo que aún no pasa.
Y si lo hacemos, siempre es mejor quedar en positivo y
sincerarnos que es mejor confiar lo que nos diga el “yo cliente”, ese que
siempre tiene el control. Bueno, es mejor esperar que desesperar,
que aún diciéndome no me lo creas, no me lo crea…al final la duda y el temor es
algo tan humano como el hambre o el deseo de ser atendido.
Sabes, trata de llevar el control de cuanto puedas y lo
que no, pues no te preocupes todo obra para bien.
Al final la vida es una mezcla de días y de noches en
pactos claros que en ambos hay una luz que nos orienta…claro que sí SEÑOR…yo
confiare en ti, pues siempre tienes el control.
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