Se tenía antes la vieja costumbre de ponerle a los niños
recién nacidos, el nombre del santo registrado en el SANTORAL (es decir el del
culto del día). Un razonamiento sencillo y por ende hoy sería el SANTO MANUEL ó
MANUEL ANTONIO o ANTONIO…nada más gracioso e incluso no cierto. Pues con cada
nombre de antes y hoy sin duda nos faltarían santos.
¿Pero realmente nos faltan santos?
Suponemos que en algún momento alguien nos soñó, quiero
creer que ese alguien fue Dios (VIDA) y sin duda los sueños de Dios deben ser
como los nuestros – salvo enormes e inconmensurables diferencias -, con el
valor agregado de que Dios no se equivoca y por ello nos hace dueños de una
santidad en medio de nuestras perfecciones e imperfecciones. Quiero bajo ese
“rollo de pensamientos” agradecerle a Dios por un año más, por ser hoy mi
cumpleaños y por estar siempre muy comprometido con mi edad cronológica y lo
que él sin duda soñó para mi.
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