Cuando alguien requiere un inventario, podemos notar que lo hace pensando en la simpleza del mismo y por ende el costo supone debe ser bajo ó desde la complejidad expuesta por el cliente en su misma problemática interna (que la conoce), que carga años de malos actos operativos y por ende registros no necesariamente amigables con el ejercicio de control.
Lo peor es que tras la toma física que tiene su propia técnica se esconde razonables intereses aparentemente mayores, es decir consolidar o sustentar registros contables u otros. Una lastima pues se reiteran los olvidos tutelares del bien que es físico y que por lo mismo es conforme o no en su cantidad o calidad y luego el análisis cauto del registro con el entorno de lograr conciliarlo.
Tras ello hay más, pues como resultado de la toma existen las posibilidades previstas o de entorno de desarrollar una base alterna o que enriquezca la que se tiene en uso con más datos que sólo se pueden encontrar en las facturas de compra, luego el tema de valuar el inventario de manera total o parcial (sobrantes), hacer que estos resultados se cuelguen de inmediato en los sistemas informáticos que maneja la empresa y con ello aparentemente se inicien nuevas actividades que no lo vulneren.
Desde hace mucho que un inventario es toda una dinámica de facultades multidisciplinarias y que invita a reinventar sistemas de forma y modo que los aplique y los haga rentables. Sí, que los haga rentables. Eso no quiere decir que sean BARATOS, pues el costo beneficio de mantener un orden sostenible en el tiempo será un tema muy propio de la forma y modo de cómo se administran los recursos objeto de control. Allí es en donde las tercerías de control se convierten en una solución que deja renta…sin duda allí tanto la EMPRESA DE INVENTARIOS como sus clientes deben y/o podrían aplanar sus tarifas. ¿Pero cuan cultos somos para pagar control?. Tan igual como otros gastos generales. El tiempo nos obliegará.
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