En oportunidades te gana todo; claro, el tiempo, los compromisos, las responsabilidades, el agotamiento, y otras tantas cosas. Pareciera que es imposible agotar nuestros sentidos, pero cuando menos cuenta nos damos, uno de ellos o todos ya no responden a nada.
Estuve hace unos días en un taxi y tras el brillo de la ventana que nos separa de estar siendo transportado y lo que va quedando en la vía pública, pude ver como el entorno es en oportunidades tan nuestro y tan de nadie.
Un niño lloraba muy lejos en una esquina y su llanto me partió el alma, no se trata de que cada acto de la conductividad nuestra haga que acompañemos llantos, es el momento oportuno de suministros perfectos. Quizá el niño necesitaba llorar (aunque pienso esta en nuestro poder que cada día uno de ellos llore menos), quizá yo requería hacerlo de la forma que el lo hacía, pero bueno soy adulto y se vería mal, quizá otros lloraban lejos y yo no los había provisto de nada.
Y me culpe, por él, por mi y por todos. Mis ojos se nublaron, pues comprendí que los suministros están en todo nuestro entorno y están para consumirlos, usarlos, interpretarlos…pero están. Sin reclamarnos nada más que su perfecta interpretación.
Bueno, no deseo cansarlos o quizá el cansado sea yo…quizá en oportunidades el mercado, inmenso gran mercado me hace pensar más en él que en mi mismo. Confiado en no serte indiferente, me quedo tranquilo en conseguir lo que sin duda voy a lograr, pues siempre habrá quién me abastezca…¡Esto es muy cierto!
Calmo en mis tiempos confiado en los suyos
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